Sospecho que la obra literaria, el libro, es capaz de «eternizar» tatuajes inacabados: un amor, una infancia, una etapa… Tal vez por esta razón, en muchas ocasiones los escritores sienten una oleada de arte en las manos. Sábato creía que una de las raíces metafísicas de la obra de arte es la urgencia del ser humano por «eternizar». El arte surge de la necesidad de expresar y comunicar, aunque expresar y comunicar la eternidad sea imposible. Por lo tanto, el arte sería «una añoranza de la eternidad».
La necesidad humana de «eternizar» se manifiesta claramente en el lector que entiende la obra literaria como una auténtica metáfora. La metáfora escapa a cualquier intento de parcelación o deconstrucción; me refiero a la dificultad de deshacer analíticamente una estructura conceptual.
Giambattista Vico señala que «la metáfora constituye el cuerpo principal de todas las lenguas», un enunciado que, según mi interpretación, impulsa a los escritores al campo de la magia y el misterio. Imagino al escritor como un ente creador, desplazándose entre «el arte y la razón», entre «la ilusión y la verdad». La diversidad y la acción caracterizan su obra, que se nutre de corrientes que interactúan de manera sincrónica y anárquica.
En su obra, el escritor traza un puente levadizo entre lo finito y lo infinito.
Ariel García
Corrector de textos
Miembro de PLECA (Profesionales de la Lengua Española Correcta de la Argentina)
WhatsApp: 341 5556594
Rosario, Argentina


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